Nosotras musas: cóncavas y convexas

Yo soy cóncava y convexa;dos medios mundos a un tiempo:el turbio que muestro fuera,y el mío que llevo dentro.

Pita Amor

Hasta hace poco más de cuarenta años, la poesía de las mujeres era un continente sumergido. A pesar de la invisibilidad y el peso del tiempo, esta poesía, al igual que la mítica Atlántida, empezó a emerger.

Yo, como todas las mujeres, soy musa

¿Desde dónde escribimos? ¿Desde donde nos escribimos?

Llamamos al principio a la musa, aquella figura viril porque insemina la palabra.

Pero luego, nos acostamos sobre nuestras espaldas, nos arqueamos,
la cabeza recargada en los tobillos,
abrimos las piernas,
respiramos;
creamos un círculo en donde el aire entra por nuestra vagina y exhalamos por la boca,
nos reconocemos en nuestro cuerpo,
nos sentimos diosas,
nos reconocemos en nuestra respiración.

Empezamos a soplar el rescoldo para que nuestra llama recobrara vida,
pues ya no nos conformamos con esperar a que la ceniza nos caliente.

 

Nosotras en la isla de Lesbos, hijas de Safo, reconociendo nuestros genitales y sensaciones,
reconociéndonos y reconociendo a la mujer de a lado y, después,
nuestra realidad.

Como escribe cierto poeta -Juan Gelman-, decir que una mujer es dos mujeres es decir poquito,
debemos tener unas 12, 397 mujeres cada una.
En muchos casos tenemos escritos todos los nombres de esas mujeres menos uno: el propio,
así que a veces nos sentimos en la orfandad;
en otras, hemos sido devoradas por todos los fantasmas que alimentaron estas mismas miles de mujeres.

Nuestra poesía nace desde dentro, no en un monólogo, sino en un diálogo con nosotras mismas:

Soy miles de puertas, abriré aquella a la que llames…
nos llamamos a las puertas en busca del nombre propio,
tal vez perdido en la infancia, en el tiempo, en el cuerpo.

La pérdida del nombre es síntoma de nuestra desnudez existencial.

Nos escribimos desde la grávida celulitis, desde la maternidad o no maternidad,
desde la ausencia, desde la insatisfacción, desde la amargura, desde la precariedad,
desde el deseo, desde los anhelos,
desde las alas,

Escindidas y despojadas del ser, nos encontramos en la más absoluta apertura, en una abrir receptivo, un buscar y en un degustar el mareo que provoca la revelación que oficie el puente de retorno.

Nos instalamos en el costado izquierdo…

Por las noches el sentimiento de la ausencia se adensa. Nos replegamos sobre nosotras mismas y nos preparamos para el acto de la creación: hablándonos desde la orfandad de nosotras y de las palabras.

 

 

Cuando el lenguaje no contiene, no respalda, el Yo se atreve a decir.

El viaje desde adentro hacia afuera, desde el vientre hacia la piel,
desde la ausencia del nombre hacia todos los nombres,
desde la ausencia en sí, a la creación sin límites.

El poema, la escritura, el enlazar una letra con otra es el único lugar “respirable”,
es el único ligar donde la verdad se hace posible y nos hace posible:
nos escribimos.

Nos encontramos, nos reunimos con nosotras mismas en una comunión con lo que fuimos, con lo que seremos, con lo que somos.

Y entonces, nos damos cuenta que el poema permite la ilusión de simultaneidad en el tiempo, porque el poema no enmarca lo temporal sino que lo traspasa, lo transgrede.
Porque se es todas mientras se es una,

La poesía en general simboliza los estados del alma.

La poesía de las mujeres, su camino evolutivo
que va desde una fuerza caótica y creadora de todo lo que es, hasta la complexión, comprensión y creación del mundo.

De un microcosmos individual hasta un macrocosmos eternamente intelectual, afectivo, material y creativo.

El sexo de nosotras es interno, sentimos nuestra vulva como un centro creador.

Las raíces las sentimos desde que nacemos,
hemos de echar ramas, empujar desde los ovarios, bajar por el útero y la vagina,
abrir los labios y hacer crecer un laberinto de energía, palabras, magia, poesía hacia el vasto mundo…

Ser hiedra hasta el fruto último.


estoy de frente a ti
análoga
homóloga
hiedra
caracola
agua
murmullo
y en los murmullos
susurro las alas de las águilas y sus plumas

y quiero alumbrar el fuego
bajo el oráculo
y aplacar la suerte o el azar
porque los proscritos también tenemos una tierra
a la orillacaracola del mar en el cual
internarnos
homologarnos
apaciguarnos
y también volar
mudarnos de miembros del corazón
así como ellas y su vuelo
con nueva fuerza en el pico
palabras y labios


dormir bajo un cielo estrellado
desde el nuevo viento
que susurre a los oídos caracolas
palabras jamás percibidas
volcanes reposo
hierba abrigo
luciérnaga luz

Libres orquestadoras del mundo interior y exterior…
la danza continúa…


y, por si no lo sabían, queridos y queridas míos: Dios es mujer y el Universo femenino.

 

(Ponencia realizada para The World Festival Of Poetry -28 de octubre al 3 de noviembre, 2011-, Punta del Sur, Islas Mujeres, Quintana Roo).

Tania Samayana

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