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¿Vives en una relación de riesgo?

tu camino al equilibrio

¿Vives en una relación de riesgo?

Hace poco, durante la reunión de familia para la cena, Tania y yo estábamos comentando un caso de violencia familiar que se presentó en un pequeño de la escuela en donde nuestra hija realiza su primaria.

Al llegar a la escuela, el pequeño mostraba datos de estrés postraumático importantes, de tal manera que la maestra a cargo se tomó el tiempo para escuchar al pequeño, quien relató que se sentía asustado por lo que había pasado entre sus padres, pero que él defendería a su mama.

Al parecer sus padres habían tenido un enfrentamiento verbal que llegó a un empujón del padre hacia la madre.
La discusión entre ellos, inició por una interrogante que no lograron resolver sobre quien había dejado prendida una luz equis.

Mientras charlábamos del caso, Valeria nuestra hija, con la sencillez de los niños, hizo la observación de que no comprendía porqué una cosa tan insignificante había derivado en una discusión, pelea y golpes.

Y esa es la pregunta que uno debe plantearse: porqué complicamos lo sencillo.

Comunicarse es una necesidad de las personas, sea para obtener satisfactores básicos al realizar peticiones específicas, así como para expresar lo que piensa y siente sobre lo que le sucede en la vida.

Entendemos que el lenguaje es el recurso idóneo para comunicarnos, sin embargo olvidamos que nuestro cuerpo entero se manifiesta y expresa de acuerdo a nuestro estado de ánimo y nuestra actitud.

La palabra es el aliento que concreta el pensamiento.

Nuestras palabras y actos expresan nuestros pensamientos.
Nuestro leguaje y comportamiento nos delata… a pesar de nuestras máscaras sociales.

Si no tenemos control de lo que pensamos y sentimos, generalmente tendemos a dar respuestas espontáneas, inmediatas, impulsivas y eventualmente bruscas, poco reflexivas y por tanto, después nos arrepentimos a medias de lo que dijimos o de lo que no quisimos decir. Cedemos a la menor provocación, respondiendo abruptamente, sin reflexión de los efectos o consecuencias de las palabras.

Personas tóxicas, relaciones toxicas

Por otro lado, la insatisfacción de las expectativas creadas e idealizadas que se presentan y acentúan en una relación afectiva durante el proceso de conocimiento del otro/a, así como la poca tolerancia a las formas diferentes de ser de cada persona, además de los aprietos económicas que se atraviesan en el camino del desarrollo profesional y de pareja, generalmente crean dificultades, que cuando no son resueltas oportunamente con una comunicación efectiva y asertiva, se traducen en problemas comunes y constantes como el descrito líneas arriba.

En estos casos, el sistema de creencias también tiene una influencia importante, ya que si el modelo de formación y construcción de las personas se basa en la posesión del poder para dominar al otro u otra, entonces se favorecen relaciones dispares e injustas para alguna de las partes.

La mayoría de estos casos se cometen contra las mujeres.

Por otro lado, las formas sociales y culturales también influyen en la conformación de la persona.
Los estereotipos y formas culturales que dan poder a unos y sumisión y dependencia a otras, favorece la construcción de relaciones difíciles, tormentosas, desiguales e injustas.

¿Cómo resolvemos los conflictos?

Generalmente aprendemos a atender nuestros asuntos cotidianos y problemas desde el enojo y la lucha. Pretendemos ganar y tener siempre la razón.

Generalmente no utilizamos la razón simple de los hechos, sino que anteponemos nuestro ego y nuestras creencias para darle sentido al mundo.

Aprendemos que la competencia con las otras/ otros, es continua, y siempre hay que ganar a toda costa, cueste lo que cueste.

Creemos que ganar es imponernos sobre los otros/as, aplicar nuestro criterio y nuestra forma de entender el mundo.

Aprendemos a resolver nuestros problemas desde la discusión airada y absolutista y no desde la paz. Baste con que alguno alce un poco la voz para acabar discutiendo a gritos. Se escala la voz y la violencia de lo que se dice.

Defendemos nuestro punto como si de ello dependiera nuestra vida, muchas veces por situaciones banales e intrascendentes; como dicen: “nos montamos en nuestro macho” y que me bajen…

En algunos casos, la respuesta es airada, llena de ira y movimientos corporales fuertes y enérgicos.

En contraparte hay una condición de sumisión, indefensión y enojo, manifestadas a través del miedo y la parálisis. Se viven sentimientos de culpa, incertidumbre y ansiedad.

Si las cosas no son resueltas con oportunidad, se establece una escala de violencia, las cosas aumentan en su gravedad y se pierde el control de la situación.

 

¿Con quién nos relacionamos?

La elección de la pareja o persona con quien uno desea o desearía compartir su vida, es otro asunto que también puede ser complejo para algunas personas.

Con frecuencia se escuchan historias de relaciones tormentosas, donde se habla de abuso de una parte, y sufrimiento y dolor de la otra, vividas bajo la constante de la codependencia.

El poco conocimiento de la otra persona en una relación, la idealización de la misma, el uso de máscaras y caretas para encubrir nuestra forma de ser, así como el autoengaño, nos dificultan elegir a la o las personas correctas, en caso contrario, dejar a quien nos causa daño.

 

Nuestra incapacidad para ser asertivos, establecer límites y acuerdos de relación, nos lleva a desarrollar relaciones tóxicas, permisibles y autodestructivas.

 

Para ambas partes, también hay una afectación fisiológica de los sistemas del cuerpo, creando diversas enfermedades.

 

El efecto de la violencia familiar, no se limita únicamente a la pareja en sí, sino que se extiende a él o los hijos/as, generando en ellos también problemas emocionales, mentales y físicos.

 

El desarrollo del núcleo familiar se ve afectado en su integridad, creando familias disfuncionales.

 

¿Cómo identificar una relación tóxica?

Identifica si en tu relación de pareja recibes crítica constante, insultos y ofensas, comentarios despectivos sobre tu persona e ideas, has sufrido humillaciones en público, vejaciones o maltrato corporal, has cedido a peticiones que te humillan u obligan por miedo y sin tu consentimiento, recibes acusaciones falsas o magnificadas y percibes acoso y hostigamiento sexual.

Si has experimentado alguna de estas situaciones, vives una condición de humillación, que mina tu autoestima, provocando que llegues a sentirte culpable y despreciable, limitando tu desarrollo y minando tu salud.

 

También identifica si en tu relación de pareja se intenta mantenerte distante o romper con los vínculos familiares, se te prohíbe estudiar, trabajar, salir con amistades y/o restricciones o control monetario.

 

Si has experimentado alguna de estas situaciones, vives una condición de Aislamiento, en la que se está bajo el control absoluto de la otra persona, de manera que se establece una dependencia total con el agresor.

 

Si experimentas alguna de las características descritas, es momento de que reflexiones sobre que acciones debes tomar para salir de una situación de violencia y lograr una vida llena de satisfacción y bienestar en todas las esferas que integran tu ser.

 

Ya tienes claro lo que no quieres, ahora define lo que si quieres

  • Evalúa tus capacidades y alternativas para encontrar el camino a la salud y el éxito que anhelas.
  • Desarrolla tu autoestima y tu asertividad para alejar de ti a la o las personas tóxicas y cambiar el tipo de relaciones que estableces, al tomar decisiones claras y conscientes de los efectos.

 

Si tienes dudas o requieres más información sobre el tema, no dudes en comunicarte con nosotros.

Si consideras que requieres coaching terapéutico, con gusto las puertas de casa Samayana están abiertas para recibirte y ayudarte.

¡Namasté!

Lucas Matus

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